LOS CAMINOS A LA PAZ - Parte 1
RAFAEL GUARÍN
Foro "LOS UNIVERSITARIOS TIENEN LA PALABRA" - Septiembre de 2009. Fundación Un Millón de Voces.
Foto: EL TIEMPO
Jorge Romero, Luis Alfonso Beltrán, Luis Alfredo Moreno, José Libardo Forero, Carlos José Duarte, Wilson Rojas, César Augusto Lasso, Róbinson Salcedo, Luis Arturo Arcia, Jorge Trujillo.
7 de Septiembre de 2009
ESPECIAL para la Fundación Un Millón de Voces y FACEBOOK
RAFAEL GUARÍN
Las pruebas de supervivencia de los secuestrados que los presentan encadenados en la selva, hacen parte del esfuerzo sistemático de las Farc orientado a crear un ambiente que favorezca en 2010 la elección de un gobierno que opte por la "negociación política", conceda el carácter de actor legítimo a la guerrilla y desmonte la Política de Seguridad Democrática.
La anterior afirmación no es ningún cuento, como algunos opositores al gobierno, ilustres mamertos y otros despistados salen siempre a decir. Un estudio juicioso de los documentos producidos por las Farc en los últimos cuatro años y una revisión histórica de sus tácticas y estrategia, demuestran que en ese grupo la apelación al diálogo de paz es una constante al servicio de una estrategia de guerra. El reclamo de un acuerdo humanitario para la liberación de los miembros de la fuerza pública secuestrados es la cuota inicial para reencauchar la bandera de la “negociación”.
El objetivo inmediato de las pruebas de infamia es manipular y someter a través del miedo y el terror a los ciudadanos, al punto de desafiar la lógica y trasladar la responsabilidad del secuestro al gobierno nacional. Solo basta recordar las palabras de Piedad Córdoba culpando del sufrimiento de las familias y de los secuestrados al presidente Álvaro Uribe.
El tema se entiende mejor si se revisa el Manifiesto de las Farc del 1 de octubre de 2007, en que se ratifica que la apuesta es construir las condiciones que favorezcan un quiebre en las urnas de la política de seguridad y la llegada del Socialismo del Siglo XXI a Colombia. La táctica: doblegar la voluntad de lucha del Estado y ratificar dos de los principales mitos farianos: la invencibilidad de la guerrilla y la “negociación política” como la única salida a otro mito: “el conflicto social y armado”.
Tal objetivo requiere que la opinión pública de un giro radical. Pase de reclamar mano firme contra el terrorismo a una postura comprensiva con los violentos. El reto de Alfonso Cano y de sus cómplices camuflados en la legalidad, es desarrollar operaciones psicológicas que impacten el imaginario colectivo, de tal forma que la sociedad que respalda hoy la Seguridad Democrática “entienda”, desde la perspectiva fariana, que el único camino para conseguir la paz es devolver las tropas a los cuarteles, reconocer como partido político en armas a la guerrilla, asumir, como lo hicieron Belisario Betancur y Andrés Pastrana, que el conflicto tiene causas estructurales de cuya solución depende la paz, en términos de Raúl Reyes. Toda una farsa.
Muy triste en esta historia es que el pisoteo de la dignidad humana de los secuestrados y sus familias esté asistido por organizaciones de la sociedad civil como "Colombianos y Colombianas por la Paz" y por facciones de partidos políticos que se prestan a ese macabro juego.
En esta materia la consigna debería ser unidad nacional para rechazar pruebas de infamia, exigir al grupo terrorista la liberación inmediata y sin condiciones de los secuestrados, al igual que la renuncia a que sigan cometiendo crímenes de lesa humanidad.
Todos debemos estar unidos en un solo mensaje: la paz no llegara claudicando y haciendo concesiones al terror y el crimen. Será la aplicación estricta de la Constitución y la ley, el respeto a los instrumentos internacionales de protección de los derechos humanos, la observancia del Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional y el sometimiento a la justicia, la que nos librara del terrorismo.
Aunque Iván Cepeda y los amigos de izquierda no lo acepten, a la paz se arribara cuando haya justicia, los guerrilleros digan la verdad sobre sus atrocidades y reparen a las víctimas. Si se hizo con los paramilitares, porqué no reclamarlo en el caso de las Farc y el Eln.
De este tema y otros, no menos polémicos, discutiremos el jueves próximo en el Foro convocado por la Fundación Un Millón de Voces.


Es evidente que cada movimiento de las FARC y Chávez alrededor del acuerdo humanitario obedece a una partitura cuidadosamente escrita, con la diligente asistencia de la senadora colombiana Piedad Córdoba, quien hace una década confesó, después de haber visitado al jefe guerrillero Manuel Marulanda, que su vida ''se partió en dos'', además de estar ''muy bien impresionada por su frescura intelectual'' y su ''compromiso y capacidad de lucha''. Así, cada puesta en escena de este macabro juego busca legitimar la injerencia chavista en los asuntos internos de Colombia y legitimar el terrorismo fariano. En el horizonte se cruzan el logro de la beligerancia y la ejecución del plan estratégico de toma del poder de las FARC con la integración de esta nación al bloque bolivariano.
Pero la acción más macabra para conseguir beligerancia es chantajear con la suerte de militares, policías y dirigentes políticos encadenados en la profundidad de la selva y sometidos a tratos crueles, inhumanos y degradantes. Lo que despierta repudio es que las ''gestiones humanitarias'' fueran empleadas a manera de camuflaje por Chávez y Córdoba para seguir ese juego y pedir al presidente Nicolás Sarkozy que la UE excluyera a las FARC de la lista de organizaciones terroristas, lo que es un velado chantaje a Francia a cambio de la libertad de Ingrid Betancur. El chantaje ahora se repite al supeditar la normalización de las relaciones con Venezuela a que Uribe acepte las exigencias que sobre las FARC efectúa el gobierno venezolano.
Publicado el sábado 12 de enero del 2008, El Nuevo Herald, Miami''No siento rencor y pido respeto a Colombia'', dijo doña Clara de Rojas, horas antes de abrazar a su hija liberada por las FARC, junto a Consuelo de Perdomo. Esa frase resume una postura siempre ejemplar. Con sensatez nunca desfalleció en reclamar su libertad, al tiempo que comprendió que la responsabilidad es de los criminales de lesa humanidad que tienen hoy a 774 personas encadenadas en la selva.
Doña Clara aplicó el sentido común y entendió que el enemigo no eran las autoridades colombianas. Nunca se unió al coro de quienes las condenan y les exigen plegarse a todas y cada una de las exigencias de las FARC. En cambio, doña Clara se convirtió en un ejemplo de confianza y de apoyo a la gestión del gobierno. Supo que la prudencia era la mejor forma de allanar el camino para volver a encontrarse con su hija y evitar el peligro de terminar convertida en instrumento de propaganda guerrillera.
También tuvo la firmeza necesaria para no dejarse utilizar. Cuando Chávez, rebosante de mala fe, cuestionó la transparencia del gobierno Uribe al afirmar que las FARC no entregaban los secuestrados por no tener a Emmanuel, doña Clara permaneció en silencio y creyó en esa posibilidad. Cuando el canciller venezolano, Nicolás Maduro, sugirió la manipulación de la prueba de ADN hecha al niño, doña Clara le dio credibilidad. Dijo: ``Otros pueden hacer más pruebas; a mí, con ésta me basta''.
Con aguda inteligencia pareció darse cuenta de lo que no se percatan los presidentes franceses y otros despistados de la comunidad internacional. Que estamos frente a una macabra estrategia terrorista, donde la retórica fariana del ''intercambio humanitario'' y el ''diálogo'' son una trampa en un plan de guerra. El secretariado de las FARC lo recordó así el pasado 2 de enero, al señalar que su novena conferencia ''reafirmó la justeza de los planteamientos político-militares de las FARC, ratificó nuestras propuestas de solución política y acuerdos humanitarios'' (en plural), al tiempo que Marulanda anunció una ofensiva general. Es decir, apelar a la negociación y a los acuerdos humanitarios es parte de la estrategia militar con la que buscan acceder al poder y construir un nuevo Estado en los territorios del sur de Colombia, decisión a la que no han renunciado.
Esto evidencia porqué aceptar las condiciones que imponen las FARC para un acuerdo humanitario es una invitación al secuestro, para un nuevo acuerdo. Así se construiría una inadmisible e indefinida cadena de ignominia. Es la misma intención de la solicitud de una ''ley de canje permanente'' hecha por las FARC en 1998.
Pero doña Clara es la excepción. En su mayoría las familias de los secuestrados cayeron en el libreto redactado por las FARC hace más de una década. Para esa época, según el Mono Jojoy, había que colocarlas en contra del Estado, en desarrollo de una estrategia ''nacional e internacional'' de búsqueda de un ''canje de prisioneros''. Perversamente las transformaron en fichas de ajedrez.
Lamentablemente, sobran peones para esa tarea. Por ejemplo, la madre de Ingrid, Yolanda Pulecio, en la posesión de la presidenta argentina aseveró confiar ''más en las FARC que en el gobierno Uribe'' y que ''Uribe siempre ha interrumpido las negociaciones cuando ya se está al borde de lograr un acuerdo para un canje humanitario''. Y el esposo de Ingrid, Juan Carlos Lecompte, se apresuró en diciembre a indicar que ''fue el incremento de los operativos militares lo que impidió que se pudiera efectuar la entrega'' de los secuestrados, argumento fariano para tapar la mentira internacional de no tener a Emmanuel.
Con esta liberación no hay duda de que las FARC pretenden responder a los duros golpes recibidos y salvaguardar los avances conseguidos en el objetivo de la beligerancia, gracias al auspicio de Chávez y Piedad Córdoba. Eso explica que el día de la liberación demandaran acompañamiento internacional, reconocimiento de beligerancia de gobiernos extranjeros y a los familiares persistir en el ``canje humanitario''.
Doña Clara muestra el camino. No es cayendo en el juego de las FARC que lograremos la libertad de los secuestrados, tampoco magnificando y legitimando sus mentiras. Será coherencia, serenidad y firmeza contra el terrorismo las que los regresen a casa y nos lleven a la paz. Ojalá lo tengan claro su hija y Consuelo, a quienes enviamos un abrazo de bienvenida.
El alcalde de Bogotá, Luis Eduardo Garzón, el más conocido líder de izquierda, afirmó al rechazar a las FARC que no se ''puede seguir legitimando ese verde oliva''. Esa actitud, junto a la de otros de sus competidores que desde la oposición aspiran suceder a Uribe, puede ser el camino hacia un acuerdo nacional que prive a las FARC de uno de sus instrumentos más ventajosos: el aprovechamiento de las contradicciones en el debate democrático.
Foto tomada del http://www.eluniversal.com/
Sarkozi y Chirac. Foto de http://news.bbc.co.uk/hiHábilmente elaboraron un lenguaje que procura manipular la percepción de los ciudadanos y de la comunidad internacional. Hablan de prisioneros de guerra cuando se refieren a víctimas del secuestro en su poder o a secuestradores, terroristas, asesinos, violadores, extorsionistas o narcotraficantes que engrosan sus filas y están recluidos en las cárceles, invocan una supuesta guerra civil cuando tienen más del 98% de rechazo de los colombianos, lo que no cohíbe su búsqueda de interlocución con gobiernos extranjeros.
