viernes, 30 de enero de 2009

Recomendado ATRAPADOS POR LA "SEGURIDAD HUMANA"


Por Román Ortiz*

Como cualquier otra disciplina, los Estudios Estratégicos y de Seguridad también son víctimas de las modas. Tal fue el caso con el éxito de conceptos como el de “nuevas guerras” que se hizo famoso a comienzos de los años 90 para bautizar formas de violencia tan antiguas como los enfrentamientos étnicos. Lo mismo se puede decir de la oleada de explicaciones economicistas de los conflictos internos inspiradas en una lectura simplista de los estudios realizados por Paul Collier para el Banco Mundial a inicios de la década de 2000.

Ahora, el debate académico y la formulación de políticas de seguridad parecen empantanados por otra moda intelectual que entorpece el diseño de estrategias efectivas para defender a los ciudadanos: la teoría de la “seguridad humana”. Un término difuso que pivota sobre la doble creencia de que el fortalecimiento del Estado está en contradicción con la protección de los individuos y que los programas sociales pueden extinguir la criminalidad por sí mismos sin que las instituciones democráticas insistan en el empleo de la fuerza.

El debate en torno al concepto de “seguridad humana” sería un asunto escolástico si no fuera por su espectacular éxito en Colombia. Esta moda intelectual ha llegado a todas partes. Toda una muestra de la ubicuidad del término se puede encontrar en la página web de la Secretaria de Gobierno de Bogotá, Clara López (www.claralopez.net) donde se anuncia que “avanza la política de seguridad humana en Bogotá” al mismo tiempo que se subraya que se apuesta por “una seguridad fincada en la convivencia y no en la represión”.

La funcionaria distrital está lejos de ser una excepción. Políticos, académicos y antiguos miembros de la Fuerza Pública han abrazado el concepto con entusiasmo. Una inmensa mayoría de las universidades invierten mucho más tiempo y recursos en instruir a sus estudiantes sobre las finezas de la “seguridad humana” que en la enseñanza de otras disciplinas con más tradición académica e igualmente relacionadas con la protección de los ciudadanos como los estudios sobre criminalidad o terrorismo.

Curiosamente, existen pocos conceptos tan ajenos a la experiencia cosechada por Colombia en su esfuerzo por restaurar el orden y la paz como las ideas agrupadas bajo la etiqueta de “seguridad humana”. Si se puede señalar una causa primaria de la crisis de seguridad que padeció el país a finales de los 90, se trata de la fragilidad del Estado y en particular de su aparato de seguridad.

Durante ese período negro, los colombianos fueron asesinados, secuestrados y desplazados no por la omnipotencia de un Estado tiránico sino por la incapacidad de las instituciones para proteger a los ciudadanos. Se vivió un ejemplo cruel de como Thomas Hobbes concebía la vida del hombre en ausencia de gobierno: pobre, tosca, embrutecida y breve.

De igual forma, la paradoja de cómo la inversión estatal no solo no apagó la violencia en las regiones sino que estimuló la codicia de los grupos armados por capturar los fondos destinados a educación o salud demostró como crimen y terrorismo no pueden ser apaciguados haciendo uso exclusivamente de programas sociales. Sin duda, el acceso a la educación y las oportunidades económicas fortalecen la confianza popular en las instituciones y animan a la opinión pública para cerrar filas frente a quienes quebrantan la ley. Pero la seguridad es una condición previa para generar desarrollo y prosperidad. Sin ella, la inversión en hospitales o escuelas es solamente un botín a merced de los violentos.

Si los postulados de la “seguridad humana” parecen bastante lejanos de la realidad, ¿cuál es entonces la explicación de su éxito? Sin duda, existen académicos competentes y políticos sinceros que han sido atraídos por el espejismo de encontrar una alternativa a la “seguridad tradicional”.

Además, otros factores han contribuido a la difusión de este concepto en aulas académicas y despachos oficiales. Para empezar, la tentación de alinearse con lo políticamente correcto ha empujado a muchos a respaldar públicamente una idea que promete la fantasía de una estrategia de orden público sin su lado impopular: la necesidad del Estado de Derecho de hacer uso de la fuerza. Sobre esta base, la campaña de mercadeo lanzada desde sectores de la comunidad internacional ha sido decisiva para convertir la “seguridad humana” en un artículo de fe. De hecho, Naciones Unidas ha declarado este concepto como uno de los ejes de sus actividades globales donando decenas de millones de dólares para crear institutos, financiar proyectos de investigación y celebrar seminarios con esta orientación. Bajo tales circunstancias, ¿quién se resistiría a la “seguridad humana”?

El problema es que, parafraseando al filosofo norteamericano Richard Weaver, “las ideas tienen consecuencias”. Enarbolando la teoría de “seguridad humana”, sectores políticos y académicos buscan el origen de los problemas donde no está y toman decisiones de gasto en la dirección errada. Responden a alzas en los índices de delincuencia con discursos sobre la problemática social existente al tiempo que no se comprometen a proporcionar el respaldo político y las inversiones necesarias para que la Fuerza Pública pueda cumplir la tarea que le corresponde.

Abordar los problemas de seguridad demanda, en primer lugar, abandonar un discurso que puede cosechar aplausos en algunos círculos políticos de dentro y fuera del país; pero que impide concebir y ejecutar una estrategia efectiva para garantizar la protección de los ciudadanos. Un cambio que muchos agradecerían en una ciudad como Bogotá que ve su tranquilidad erosionada por el ascenso de la criminalidad y al mismo tiempo que se enfrenta al zarpazo del terrorismo.

Román D. Ortiz*
Coordinador
Área de Estudios de Seguridad y Defensa
Fundación Ideas para la Paz

domingo, 18 de enero de 2009

DE 1909 PARA 2009: REYES Y URIBE

17 de enero de 2009.

Por Daniel Mera Villamizar

Colombia entró al año de la víspera del Centenario, 1909, con un gobierno autoritario de gran desempeño, el de Rafael Reyes, que había logrado extender su periodo de seis a diez años (1904-1914), pero venía en proceso de divorcio de la opinión y dejaría inconclusa su obra. En 1910, un elegante opositor, Carlos E. Restrepo, asumió la Presidencia con la bandera de la Unión Republicana, que buscaba la concordia política y prohibió la reelección inmediata.

Tras la Guerra de los Mil Días y la separación de Panamá, Reyes interpretó el anhelo de reconstrucción y progreso, a contra corriente del conservatismo nacionalista, dominante bajo el mando de Miguel Antonio Caro. Hombre de provincia, nacido en Boyacá y templado en el Cauca y el Putumayo, pronto se reveló como caudillo de acción, práctico (sin reparar en códigos), que disgustaba a la intelectualidad bogotana y gozaba de enorme popularidad. Madrugaba, tenía "don de gentes", y oía a los ricos en detrimento de los políticos, gramáticos y abogados.

En diciembre de 1904 cerró el Congreso, que no le autorizaba medidas económicas y fiscales indispensables, en medio de la aceptación general. Una Asamblea Constituyente y Legislativa, a partir de 1905, validaría los designios del dictador moderado e incluyente, pues tenía ministros y constituyentes liberales, antes proscritos del poder. Reyes aseguró la ansiada paz con el desarme de la población y sus gamonales, y con la modernización y el fortalecimiento de las Fuerzas Armadas. "Orden y economía", era su consigna.

Se consagró febrilmente a impulsar las industrias, los ferrocarriles, las "fuentes de trabajo y de riqueza", cuyos "secos y precisos números" exponía en "excursiones presidenciales" por el país, aun ante abrumadas y "nobles damas" de Cartagena y Barranquilla. Había recibido un país débil, visto en Europa como susceptible de nuevas desmembraciones, y con la imagen de tierra de leprosos, porque en la guerra civil miles "habían escapado de sus asilos, esparciéndose por las distintas regiones".

Para 1907, Colombia tenía otro atractivo internacional, y bastantes razones para agradecer con un Te Deum que "Dios protegiera a Reyes de forma descarada" en el atentado del 10 de febrero de 1906. Sin embargo, en 1908 los motivos acumulados de la oposición: los confinamientos, la falta de elecciones y representación, el reordenamiento territorial, la centralización política y rentística, entre otros, encontraron una decisión muy impopular del general Reyes que les facilitó ganar la opinión: un arreglo expedito con Estados Unidos, aun sin indemnización por Panamá, para atraer inversión extranjera, su gran esperanza.

Rafael Reyes, tildado de "poco pulido", sacó la conclusión de fondo, dejando una gran lección: "es base de la República la alternabilidad en el poder y no deseando aparecer como hombre necesario", renunció. "El orden y la paz no dependen de la permanencia de un solo hombre en el poder", dijo. Era el 13 de marzo de 1909. Cien años después, la renuncia del Presidente Uribe a un tercer periodo nos permitiría llegar al Bicentenario con la tradición republicana viva, con paz política y, muy probablemente, con un acuerdo de futuro basado en la firmeza, así apareciera un Carlos E. Restrepo.

viernes, 2 de enero de 2009

"LAS COSAS NO SON COMO PARECEN"

El Nuevo Herald - Miami / Publicado el 2 de enero de 2009

RAFAEL GUARIN


Madrid -- El ''intercambio epistolar'', en el cual han involucrado a más de un ingenuo de buena voluntad, no es más que una nueva operación psicológica y política concebida de acuerdo a los intereses y estrategia de las FARC. La liberación de la ignominia del secuestro de cuatro miembros de la fuerza pública y de dos políticos por parte de la guerrilla debe celebrarse, no así la forma en que ésta se producirá.

Al igual que hace un año, el anuncio de liberaciones no es un acto humanitario, ni un éxito de quienes posan de intermediarios. Las cosas no son como parecen y mucho menos cuando se trata con maestros de la simulación y la mentira. Detrás hay una perversa maniobra orientada a crear un clima favorable a las pretensiones de las FARC y que hace parte de la calculada respuesta política a los duros golpes recibidos.

Lo confirman las propias FARC en comunicación de octubre pasado al autodenominado grupo de ''intelectuales'', que Cano bautiza ahora con la consigna de ''Colombianos por la Paz''. En el texto aparece el verdadero objetivo de las viejas y nuevas liberaciones: ''crear condiciones y ambientes propicios'', ¿para qué? No sólo para el ''canje de prisioneros en poder de las partes contendientes'' (en su lenguaje), sino para avanzar en el objetivo que expresan en la carta de la semana pasada: ``Ver florecer un nuevo gobierno que convoque al diálogo de paz''.

A partir del secuestro, el espanto que genera la deplorable situación de las víctimas, el empleo de la propaganda y la ayuda de políticos nacionales y extranjeros, las FARC pretenden modificar la conducta de una sociedad que masivamente las condena. Es la aplicación de las enseñanzas de los terroristas anarquistas del siglo XIX. Joseph Conrad lo describe en boca de Osiipon: ''Lo único que importa es el estado emocional de las masas. Sin emoción no hay acción'' y esa acción, en este momento, es conseguir que los ciudadanos cambien el respaldo a una política de firmeza estatal por un gobierno que les reconozca el carácter de ''actores políticos'' y promueva la negociación. Es un esfuerzo por regresar al ``dialoguismo''.

El intercambio epistolar no es más que una renovada y más fina versión de la película que montaron Hugo Chávez, Piedad Córdoba y las FARC el año pasado. Los mismos actores y la excusa humanitaria sirviendo de treta. ¿Por qué insisten? Porque además de lo anterior la guerrilla para sobrevivir requiere con urgencia recuperar legitimidad política, paliar los efectos negativos del secuestro, dividir una sociedad unida contra el terrorismo y posibilitar la actuación de gobiernos amigos en la región. Cano lo reconoce sutilmente al recomendar ``tener en cuenta la manifiesta disposición de la gran mayoría de presidentes latinoamericanos para contribuir con sus esfuerzos en el proceso de intercambio humanitario y paz''.

Tan preparada está la actuación que a la primera carta de los supuestos ''intelectuales'' las FARC respondieron presurosamente, luego se promovió que todo el que quisiera escribirle a la guerrilla pidiéndole que cese los secuestros pudiera hacerlo. ¿Quién se negaría a pedirle que termine los crímenes de lesa humanidad? El portal de internet del Movimiento Bolivariano y el de las FARC inmediatamente se unieron, al igual que los integrantes del Partido Comunista Clandestino y la Coordinadora Continental Bolivariana. Era previsible. La guerrilla concibió hace más de una década el ''intercambio humanitario'' como un instrumento de agitación y movilización de masas.

Esta trampa lo que busca es allanar los obstáculos para avanzar en el reconocimiento de beligerancia. También legitimar el secuestro con el argumento de un conflicto armado no internacional. Los medios de comunicación no informaron que el Secretariado ratificó a los ''intelectuales'' que seguirán secuestrando. ¡Eso sí, para las FARC, los ''intelectuales'', un sector del Liberalismo y el Polo Democrático Alternativo los secuestrados no son secuestrados! Los policías y militares son ''prisioneros de guerra''. Otros son deudores morosos de las FARC porque no pagan las extorsiones, que tampoco son extorsiones sino impuestos revolucionarios. Y los políticos son retenidos por el reclamo del pueblo y por defender la Constitución de 1991. ¡Bonita forma de acabar con el secuestro disfrazándolo y optando por su legalización! En conclusión, el ''intercambio epistolar'' no sólo es un salvavidas para los farianos sino uno de los medios con los que buscan recuperar lo perdido en el terreno militar y político, al tiempo que contribuir a que escale la violencia y el secuestro. Evidentemente, las cosas no son como parecen.

jueves, 25 de diciembre de 2008

"LOS NUEVOS JACOBINOS"

SEMANA.COM / 24 de diciembre de 2008

Rafael Guarín
La elección del nuevo Procurador dejó claro que en Colombia se puede emplear la hoguera por razones religiosas. Algunos columnistas, “analistas” y medios de comunicación erigidos en una nueva modalidad del inhumano Tribunal de la Santa Inquisición quisieron quemar vivo a uno de los candidatos por el pecado de ser un “extremista católico”, es decir, un católico practicante.
En su concepto era una herejía solo pensar que Alejandro Ordóñez estuviera al frente del Ministerio Público porque sus convicciones religiosas eran incompatibles con la defensa de los derechos humanos. Tal observación quiere sentar el precedente de veto a todo aquel que tenga firmes convicciones religiosas para ocupar cargos en las Cortes, la Procuraduría, la Defensoría del Pueblo, la Fiscalía, la Presidencia de la República y, en general, en todas las demás instituciones que de una u otra forma tengan que ver con las libertades y garantías democráticas.
Hasta la justificación del voto que hizo el senador Gustavo Petro repite lo mismo: “Vimos que podíamos incidir y amortiguar los efectos perversos anunciados sobre la población que defendemos, mujeres y LGTB, por efecto de las creencias del nuevo Procurador”. En otras palabras, el argumento de la mayoría de la bancada del Polo Democrático para votar por Ordoñez fue el de impedir las consecuencias siniestras derivadas de sus creencias católicas o de lo que la misma carta califica de “fanatismo religioso”. Si esa es su opinión de Ordóñez, ¿no era más coherente votar por otro candidato o no participar de la elección? No es serio apoyar a quien se considera perverso y fanático.
En todo esto hay una gran equivocación y exceso de malevolencia. No se puede inferir que de las firmes convicciones religiosas, en este caso católicas, se tengan que derivar actuaciones perversas. Son prejuicios y demostraciones de animadversión respecto a quienes tienen uno u otro credo religioso. Son las mismas razones que inspiran las histéricas, excitadas y convulsivas columnas más propias del llamado “problema religioso del siglo XIX” que de una concepción auténticamente liberal, en la que se arropan hábilmente para lanzar descalificaciones. Con descomunal ignorancia confunden la demanda liberal de separación del Estado y la Iglesia, con separar del Estado a quienes profesan determinadas convicciones religiosas.
Resulta que a los ojos de estos nuevos jacobinos la guillotina debe aplicarse en Colombia a todas las aspiraciones a empleos públicos que tengan en el futuro musulmanes, cristianos, católicos y de otros credos que no solo de labios hacia afuera se reconozcan como tales, sino que vivan en consonancia con sus convicciones religiosas.No es raro. En un mundo en que lo extraño es que haya coincidencia entre lo que se dice y lo que se hace, quien defiende abiertamente sus creencias y ambiciona vivir conforme a ellas es un extremista.
Lo más curioso es que se dedicaron a ondear la bandera de los derechos humanos atropellando los de todas aquellas personas (¡fanáticos! dirán…) que en ejercicio de las libertades que garantiza la constitución son coherentes y consistentes con su religión, sea cual sea. ¡Qué todo el mundo quede notificado! ¡A partir de ahora hay que esconder las convicciones religiosas si se pretende llegar a un cargo público!
Tal actitud es una flagrante violación de los derechos humanos. Es una oda a la discriminación y una vuelta a los bárbaros criterios del pasado. Nada más antidemocrático que reprochar a los semejantes por sus creencias religiosas. ¿A dónde quieren llegar? ¿A satanizar a todo el que no comparte sus posiciones frente a la religión? ¿Será que estamos ad portas de una cruzada para que de la dirección del Estado se excluya a quienes viven conforme a un credo religioso?
Hay que darle un compás de espera al nuevo procurador. Ordóñez deberá actuar conforme a la reglas del Estado social de derecho, lo que supone que está sujeto a las facultades y obligaciones constitucionales y legales. Aún en temas como el aborto tendrá que atenerse a la jurisprudencia de la Corte Constitucional. Deberá garantizar que sus convicciones personales no alteren el buen funcionamiento de la Procuraduría y no olvidar que como funcionario debe actuar únicamente atendiendo a la ley. Si su conducta es otra, los ciudadanos estamos en todo el derecho de censurarlo.
No es conveniente para la democracia que discursos como los señalados hagan carrera y que recuerdan al Comité de Salud Pública, a cargo de Robespierre y Saint – Just, que buscaba aniquilar a los contrarrevolucionarios y “extirpar el fanatismo”, esto es, “la religión” de Francia. Los que con su actitud de discriminación, intolerancia religiosa e irrespeto a la libertad se las dan de “progresistas” demuestran que son realmente quienes están en el fondo de la caverna.
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jueves, 18 de diciembre de 2008

"LA GUERRA POR AMÉRICA LATINA"





EL NUEVO HERALD - 18 de diciembre de 2008

RAFAEL GUARIN

Madrid -- ¿Podría América Latina ser un escenario de confrontación geopolítica capaz de amenazar la seguridad y la paz internacionales? Si bien el acceso a recursos energéticos concentra la atención en el Oriente Medio, el Cáucaso y el centro de Asia, paulatinamente Latinoamérica se está convirtiendo en otro punto de puja. Los titulares de las últimas dos semanas testimonian una agenda de acuerdos y consolidación de alianzas: el presidente ruso Dimitri Medvedev visitó Perú, Brasil, Venezuela y Cuba, mientras que en Teherán se reunieron Rafael Correa y Mahmud Ahmadineyad.

Estas relaciones no deberían inquietar si no se inspiraran en la máxima de que el enemigo de mi enemigo es mi amigo. Basta revisar las declaraciones de las últimas semanas para comprobarlo. El presidente Correa dijo que su ''intención en las relaciones estratégicas con Irán es promover una verdadera identidad con el Ecuador'' y ''conseguir la independencia de Estados Unidos''. En otras palabras: sellar una alianza para enfrentar un enemigo común. A Correa no le importa que el gobierno fundamentalista de Ahmadineyad quiera ''borrar a Israel del mapa'' y que la comunidad internacional lo perciba como potencial peligro nuclear. Tampoco que tenga relaciones con grupos terroristas del Medio Oriente, al fin y al cabo, él mismo las ha mantenido con las FARC. Su visita, por el contrario, derivó en cooperación militar, compra de armamento a Irán y apoyo a su programa nuclear.

Pero la cercanía de Irán se extiende particularmente a los países que integran el bloque de la revolución bolivariana. Chávez ha servido de base de operaciones para que en América Latina Ahmadineyad abra camino con sus petrodólares. Paralelamente penetra Hezbolá. El mensaje de felicitación de Nawaf Musawi, encargado de ''relaciones exteriores'' del grupo terrorista, al camarada Chávez, con ocasión de las elecciones regionales, es clarísimo: ``Dicha victoria refleja la gran confianza del pueblo venezolano en la lucha contra la hegemonía estadounidense''.

Por otro lado, la gira de Medvedev y los ejercicios militares conjuntos en el mar Caribe obedecen a una lógica similar. Las relaciones de Rusia y Estados Unidos han venido deteriorándose desde que se hizo pública la iniciativa Bush del escudo antimisiles y se agravaron con el apoyo a la independencia de Kosovo, la guerra en Georgia y la presencia militar norteamericana en su área de influencia. La rivalidad entre ambas naciones es inevitable en la medida que Rusia pretende ocupar el espacio de poder perdido con la disolución de la URSS y la Casa Blanca quiere mantener la unipolaridad.

El gobierno venezolano aprovecha las contradicciones para hacerse con un aliado y construir una política de disuasión ante una eventual intervención militar estadounidense. Podrá sonar fantástico, pero toda su política de seguridad y defensa nacional está diseñada sobre esa hipótesis de guerra. No en vano el ministro de Defensa, general Gustavo Rangel, agradeció a Rusia ''la voluntad política de apoyarnos y cooperar con nosotros, con miras a garantizar nuestra seguridad y soberanía''. Esa voluntad se constató durante el 2005 y el 2007 en contratos suscritos por Caracas y Moscú, por $4,400 millones para abastecer de armas a Chávez.

El presidente ruso es consciente del valor estratégico de América Latina: ''Es una región de rápido desarrollo, en la que se concentran importantes recursos tanto intelectuales como naturales'' y ''habitan pueblos que desean cooperar con Rusia''. Que no quede duda, los rusos y los iraníes llegaron para quedarse.

Un tercer país que juega duro en la región, pero con estilo muy diferente, es China. Tiene acuerdos de libre comercio con Chile y Perú y el próximo 19 de enero comienza negociaciones con Costa Rica. A su favor cuenta la irresistible atracción de un mercado de 1,300 millones de consumidores y que sabe colocarse por encima de reyertas ideológicas regionales.

Lo sorprendente es que todo esto no es suficiente para que el gobierno de Bush despierte. Su posición fue minimizar la presencia militar rusa, la misma que durante los últimos años aplicó a la revolución bolivariana y que terminó por facilitar la elección de gobiernos encabezados por populistas y extremistas antinorteamericanos. Esperemos que el presidente Barack Obama lo corrija. América Latina no es sólo un mercado, sino una zona estratégica para la seguridad de los Estados Unidos. Minimizar los alcances de una alianza entre Venezuela, Irán y Rusia puede tener efectos impredecibles para la seguridad y la paz internacionales en el mediano y largo plazo.

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lunes, 15 de diciembre de 2008

COLUMNA INVITADA


Jueves 11 de diciembre de 2008 / SEMANA.COM

LA SILENCIOSA ESTRATEGIA DE LAS FARC
César Augusto Castaño Rubiano*

El común de los colombianos sigue observando a las Farc como una organización estrictamente militar. Para esa gran mayoría, la guerra tiene como único escenario el campo de batalla. De ahí que las muertes de los jefes, las capturas, las incautaciones de material y todo aquello que pueda presentarse a través de los medios, se convierte en ejemplo de efectividad gubernamental y referente de victoria militar.

Sin embargo, es importante saber que las Farc a la vez que han afrontado la política de seguridad democrática, han afinado también un eficaz instrumento de acción desconocido para muchos. Para comprender esta amenaza, poco enfrentada, vale la pena recordar cómo surgió esta compleja “arma de guerra”, quién la diseñó, qué tareas cumple y como actúa en provecho de Alfonso Cano y de la organización ilegal que él dirige.

En la época de la zona de distensión, las Farc encontraron graves deficiencias en las tareas prioritarias que tenían para el cumplimiento de su plan estratégico. Entre ellas, el trabajo político, la organización de masas y la penetración e infiltración del aparato estatal. Teniendo en cuenta tales necesidades, decidieron buscar una solución práctica a sus requerimientos, para ello se empeñaron en el diseño de una estructura política clandestina que, aunque distinta del movimiento bolivariano, compartiera los mismos principios revolucionarios y se complementaran.

Este trabajo de filigrana estuvo a cargo de Cano, quien utilizó como referente, entre otros textos, un libro titulado “Lo que todo revolucionario debe saber sobre la represión”. Esta obra de 1919 por un anarquista belga conocido como Victor Serge, está basada en el modus operandi de la “Ojrana”, la temida policía secreta zarista. El autor tras estudiar las principales debilidades de ese aparato de seguridad, dedicó capítulos enteros a desmitificar el poder de los servicios de inteligencia. Ofreciendo también, consejos a los militantes del partido para su seguridad personal, el manejo secreto de la documentación y la utilización de técnicas de provocación, entre otros.

Pero Cano sabía que además de estas lecturas, debía confrontar la teoría con la práctica, por ello acudió al estudio de las experiencias exitosas de organizaciones internacionales clandestinas o secretas, especialmente la vietnamita. El trabajo dio como resultado, el diseño de un partido político clandestino, de principios comunistas, con disciplina militar y dirigido directamente por “altos mandos” guerrilleros. A este naciente “Partido comunista colombiano clandestino”, PC3, se le dotó de una estructura y unos estatutos que lo reglamentaron. Entre sus tareas están la consolidación, impulso y vigilancia del Movimiento Bolivariano, actividades de inteligencia estratégica, infiltración y penetración del sector estatal y la estructuración de planes políticos avalados por el estado mayor.

Pero ¿cuál es la utilidad del trabajo desarrollado en estos años de seguridad democrática por esta estructura y como lo aprovechará Cano?. Hay que tener en cuenta, que el jefe guerrillero una vez asumió el poder, catapultó a Pablo Catatumbo al secretariado, y a varios de sus “cuadros” cercanos en la dirección de Estados Mayores de Bloques y Frentes. Por otra parte está reestructurando desde la base, recomponiendo los perfiles de los mandos, y subordinando las órdenes militares al escrutinio de las comisiones políticas.

En Cano hay algo que lo diferencia del resto de miembros del Secretariado, y es su claridad frente a lo político y la importancia de emplear eficazmente la estructura que ha diseñado. En algunos documentos de estudio encontrados en un campamento por el Ejército en 2005, Cano escribió “El objetivo político de las Farc-Ep es la toma del poder para el pueblo. Con ese norte se ha diseñado un Plan Estratégico en el que juegan papel preponderante tanto el Ejército Revolucionario como otras formas organizativas ligadas al trabajo fariano como las milicias, el Partido Comunista Clandestino (PC3) y el Movimiento Bolivariano”. Por lo anterior es obvio concluir, que todos estos elementos clandestinos han venido desarrollando un trabajo silencioso, durante estos seis años, lejos de persecuciones y tras objetivos rentables.

Cano no puede alejarse de la línea que ha marcado su presencia en la organización. Prueba de ello, es la nueva hoja de ruta trazada por el Secretariado, conocida como el plan “Renacer revolucionario de las masas”, dado a conocer el 16 de agosto de 2008. En este se plantea lo siguiente: Un fuerte trabajo de infiltración y control de los movimientos y las organizaciones sociales. La utilización de la guerra de guerrillas como respuesta al Plan Colombia y a la Política de Seguridad Democrática. El aumento de la siembra de minas antipersona, como método para detener el avance de las tropas. La obligación de realizar atentados terroristas, urbanos o rurales, con explosivos, como requisito indispensable para la “graduación” de nuevos guerrilleros. El empleo de francotiradores quienes dispondrán de fusiles rusos, de alta precisión, del tipo ‘VD o Dragunov’. El uso de misiles, tierra – aire, para enfrentar el poderío aéreo. Disponer de 6 millones de dólares de los “fondos” del Secretariado, para adquirir material de guerra y comunicaciones, especialmente potentes radios que ofrecerán gran dificultad para ser monitoreados. Replantear el trabajo internacional que se vino a menos, luego de la muerte de Reyes y la evidencia encontrada en sus computadores. Fortalecer las relaciones con Venezuela a través de personajes como el ex ministro del interior Rodríguez Chacín. Desarrollar trabajos conjuntos con el Eln en algunas regiones del país. Todo un andamiaje, que buscará “resucitar” a la organización frente a la opinión pública nacional e internacional.

Esta “prueba de vida” ya dio sus primeros frutos. El 11 de septiembre, un grupo de intelectuales, políticos y periodistas, en una carta dirigida al Secretariado de las Farc, expuso la necesidad de construir nuevos escenarios de diálogo, a través de un intercambio epistolar, sobre temas relativos a la paz y la guerra en Colombia. Un mes después, las Farc respondieron a la invitación aceptando el nuevo espacio, aun si es preciso entrar en discusiones como el tema del secuestro, algo que han planteado los firmantes de la primera misiva, en una nueva comunicación enviada al grupo ilegal el 27 de noviembre.

Estos últimos sucesos permiten entrever, que si bien el margen de maniobra de Cano es estrecho en lo militar, en lo político existe un amplio espacio, logrado en buena parte, gracias a la eficaz labor del PC3, del movimiento bolivariano y de la Coordinadora Continental Bolivariana.

Por lo pronto, es probable que Alfonso Cano rediseñe el Plan Estratégico en sus líneas militares, cite a un Pleno del Estado Mayor Central que, muy seguramente, finalizará en la convocatoria de una nueva conferencia guerrillera, acción que a mediano plazo le daría tiempo para dedicar sus hombres a la supervivencia. Total si algo le sobra es paciencia, al fin y al cabo sus estructuras clandestinas están trabajando.

* César Castaño es historiador militar e investigador de la Federación “Verdad Colombia”.

martes, 9 de diciembre de 2008

"LA ENCRUCIJADA URIBISTA"


Semana.com / 9 de diciembre de 2008

RAFAEL GUARÍN

El presidente Uribe ha enfrentado las más duras crisis. Desde la conspiración chavista, el escándalo de la parapolítica, la extradición de los paramilitares, el bombardeo en territorio de Ecuador, hasta la utilización guerrillera del “acuerdo humanitario” como táctica terrorista. Todas las cosas tienen un límite. El límite es el bolsillo de la gente. Si ya existía inquietud por el bajo crecimiento de la economía, lo ocurrido con DMG y las demás pirámides tiene visos de ser, además de una emergencia económica y social, una catástrofe política para el gobierno.

Las estadísticas recitadas con éxito desde los despachos públicos pierden automáticamente su encanto cuando los ahorros de cientos de miles de personas se pierden o se “frustra” su “mágico” enriquecimiento. El gobierno se mostró incapaz de explicar las medidas que adoptó, en una situación que no podía admitir errores. Los ciudadanos, que suelen ver en el Presidente un líder que los defiende, ahora lo ven en este tema como el causante directo de sus problemas.

Lo grave no es que tales acontecimientos puedan impedir la reelección de Uribe. En los pasillos de la Casa de Nariño, desde hace varios meses, es claro que el presidente ni siquiera está convencido de esa decisión. Lo realmente delicado es lo que está en juego. Al fin y al cabo los presidentes van y vienen, pero los problemas se resuelven, se mantienen o se agravan. Uribe no ha terminado la tarea ni la terminará de aquí a 2010 y la opinión pública no percibe a nadie que pueda hacerlo, con altas posibilidades de ser elegido.

A esto se llegó por descuido, exceso de confianza, falta de autocrítica, cierto autismo y excesiva personalización de la política gubernamental. El uribismo no tiene un partido, ha sido incapaz de fomentar liderazgos nacionales y dirigentes de relevo que aseguren la continuidad de la seguridad democrática, una vez finalice el mandato. Hoy estamos ante aspirantes que cobijados bajo el poncho del presidente pretenden mostrarse como opción, pero aún con su decidido apoyo están muy lejos de ser garantía de triunfo.

Para solo mencionar algunos. En el Partido de la U a Juan Manuel Santos no le vale la operación Jaque, la muerte de Reyes y de Ríos, tampoco que Manuel Marulanda reencarne y el ministro lo capture. A pesar de ser el más preparado de todos, es pésimo comunicador y hasta ahora incapaz de conectarse con los ciudadanos. A una candidatura interesante como la de Martha Lucía Ramírez las mayorías parlamentarias le quieren decretar la muerte súbita.

En Cambio Radical la cosa tiene también nombre propio. Germán Vargas Lleras es el mayor antiuribista, el primero en las filas de la burocracia y quien más goza de desconfianza en el gobierno. Dicen que se ufana en sus giras por los departamentos de que no le contesta el teléfono a Uribe.

En el conservatismo el Ministro de Agricultura, Andrés Felipe Arias, carece de la fuerza y el empuje que a su edad demostraba Bernardo Jaramillo (así lo mortifique la comparación). Su único merito es ser consentido del poder. Nohemí, con estupenda hoja de vida, carismática y buena imagen es una posibilidad interesante, aunque lleva casi siete años fuera de Colombia y está desconectada de las regiones. Carlos Holguín no despierta aún y Fabio Valencia resultó muy afectado por el escándalo de su hermano.

Sobre los demás partidos uribistas ni hablar. Más parecidos a sindicatos del crimen, están condenados a seguir alojando a sus miembros en la cárcel “La Picota”.

Otros candidatos hábilmente muerden la imagen positiva de Uribe al tiempo que su discurso es el preámbulo del desmonte de la política de seguridad democrática. Ahí están Ingrid Betancur y Sergio Fajardo. Ambos apuestan a llevar al país a la trampa de diálogo que las FARC ejecutan desde hace casi 30 años. Lo paradójico es que junto a Lucho Garzón, otro impulsador de ese desmonte, son los que más opción tendrían frente a cualquiera de los mencionados candidatos uribistas.

Ante tal vacío de liderazgo, ¿quién sostendrá la seguridad democrática? ¿Qué tipo de candidatura se debe buscar para que lo alcanzado en materia de seguridad y paz no se pierda? Es urgente que los distintos sectores de la sociedad comiencen a trabajar en un frente civil que promueva la preservación de dicha política, como conditio sine qua non para llegar a la Presidencia. No hacerlo es facilitarle a Cano y a Jojoy el cambio de escenario que pretenden construir a punta de “intercambios epistolares”, propaganda y acciones terroristas.

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