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miércoles, 23 de septiembre de 2009

MI VOTO POR PETRO

Foto tomada de www.elespectador.com


Rafael Guarín
SEMANA.COM
23 de septiembre de 2009

Pensé votar el próximo domingo por Gustavo Petro en la Consulta del Polo Democrático Alternativo por las siguientes razones:

Petro decidió quedarse en el Polo para dar la batalla. En las condiciones más adversas se enfrenta a la maquinaria política y clientelista de Jaime Dussan y al control del aparato que tiene el Partido Comunista Colombiano y el Moir.

Petro ha sido el único líder del Polo que ha denunciado la complacencia de algunos sectores de izquierda con el principio leninista de la combinación de todas las formas de lucha, esto es, con el empleo de la violencia. En septiembre de 2008 dijo que las Farc lo querían sacar del Polo: “Hay una campaña soterrada de las Farc por sacar a Petro y a Lucho del Partido”. Reconoció que esa guerrilla contaba con elementos dentro del Polo, tan influyentes y poderosos, que podían excluirlo de la lucha democrática. ¿Quiénes son? ¿A quién respaldan en la Consulta?

Petro, en 2007, propuso una hoja de ruta que incluía un pacto democrático que termine “definitivamente el uso de la combinación de las formas de lucha” y una política de seguridad de Estado, resaltando el rol definitivo que tienen las fuerzas militares.

Petro desafió a quienes en su partido decidieron no marchar el histórico 4 de febrero y a quienes se resistieron a apoyar las movilizaciones ciudadanas que condenaron la masacre de los once diputados del Valle del Cauca. Rechazó la falta de contundencia de las directivas del Polo frente a la masacre, al punto de señalar que “la sociedad colombiana no encuentra definidos totalmente los hechos que nos separan de las Farc".
Le cayeron rayos y centellas, no sólo de copartidarios sino de Raúl Reyes.

Petro, en febrero pasado, repudió la misiva que el Secretariado de las Farc envío al Congreso del Polo, en la que le proponen a ese Partido “acuerdos políticos”. El senador denunció que las Farc tenían la “intención integral de incidir en la política del Polo Democrático”, mientras el Congreso del partido se hizo el de la vista gorda.

Petro, entre otras cosas, es un símbolo de la lucha contra el narcoparamilitarismo que devastó a Colombia. No hay duda de su verticalidad para denunciar este fenómeno y amparar los derechos de las víctimas de masacres, torturas y desplazamientos. Propósito que compartimos.

Petro, también ha dicho que la izquierda debe abandonar “el sectarismo político y cierta enfermedad muy infantil de extremo-izquierdismo que la viene penetrando”, lo cual demuestra al afirmar la semana pasada que “agredir al presidente Álvaro Uribe es agredir a Colombia”, claro, tal afirmación hizo que cundieran ataques cardiacos masivos y simultáneos al interior del Polo.

La otra opción, Carlos Gaviria, es todo lo contrario. Mientras menciona el rechazo a la combinación de las formas de lucha y niega su existencia al interior de la colectividad, en 2002 fue candidato al Senado del Partido Comunista, partido que creó ese esperpento, y ha hecho de esa agrupación la quinta columna con la cual domina la estructura del Polo. Es el protagonista de todos los titubeos frente al terrorismo, objeta calificar de esa forma a las Farc y de participar en las marchas ciudadanas que la condenan. Y para colmo de males, en el proceso electoral de 2006 señaló estar dispuesto a reconocer beligerancia a las Farc.

Ahora bien, hay cosas muy graves que me llevan a recapacitar sobre la posibilidad de mi voto por Petro. Nunca cumplió con el deber de denunciar quiénes son los farianos dentro del Polo y a quién apoyan, tampoco ha renegado del pacto que suscribió con Hugo Chávez, en la Quinta de San Pedro Alejandrino el 18 de Diciembre de 1994, que todo indica que éste sigue vigente, a pesar de su animadversión reciente a la injerencia venezolana en los asuntos colombianos.

En esto hay dudas. Mientras habla de Socialismo del Siglo XXI en Caracas y Quito, al igual que en eventos del Polo, ante la opinión pública colombiana estratégicamente omite ese discurso. ¿Cuál es su verdadera posición ante al Socialismo del Siglo XXI? ¿Sigue apoyándolo pero se disfraza de moderado? ¿Mantiene su relación privilegiada con Chávez? ¿Es un lobo con piel oveja?

Tampoco ha contado lo que conoce sobre los autores intelectuales de la toma del Palacio de Justicia y que puede cobijar a ex guerrilleros del M19 que pelechan hoy en cargos públicos. Ahora que la Corte Suprema de Justicia dijo que procesará por crímenes de lesa humanidad a los parapolíticos, muy bueno sería hacer lo mismo con los ideólogos de esa guerrilla, responsables de esa y otras matanzas.

Pensándolo bien, esas razones son suficientes para que no pueda votar por Petro.

http://www.rafaelguarin.blogspot.com/

jueves, 10 de septiembre de 2009

LAS OTRAS ARMAS DE CHÁVEZ


Semana.com - 7 de septiembre de 2009

Rafael Guarín

La confrontación de Hugo Chávez contra Colombia tiene varias dimensiones. Además de las de índole bélica y diplomática, que combinan diversas formas de apoyo a la guerra irregular de las Farc, existe un frente, menos vistoso y espectacular, que puede llegar a ser muy eficaz: las jugadas políticas destinadas a crear un ambiente favorable a la “revolución bolivariana”.

Son por lo menos cinco las maniobras empleadas. Primero, se trata de capitalizar y profundizar las contradicciones en el seno de la democracia colombiana, para eso Chávez procura estrechar vínculos con los sectores más radicales de la oposición a Uribe y transmitir un mensaje: los problemas con Venezuela se resolverán cuando éste salga del gobierno y se desmonte la Política de Seguridad Democrática. Cuenta con la ayuda del Polo Democrático y un amplio sector del Partido Liberal.

Segundo, las medidas que afectan principalmente a quienes residen en la frontera se acompañan de discursos orientados a levantar a los colombianos contra su propio gobierno. El trabajo que durante años hacen los chavistas en la línea que separa a ambos países tiene entre sus objetivos una situación similar a la actual y busca ejercer presión desde adentro contra Uribe. La misma lógica asiste a las restricciones que impactan negativamente en sectores de la industria y a empresarios impulsados a elevar reclamos a la Casa de Nariño y no al Palacio de Miraflores.

Tercero, el anuncio de la instalación de setenta “bases de paz” en territorio colombiano, organizadas y financiadas por el gobierno venezolano, es una variante de las Casas del Alba señaladas por Alán García de instrumento de la expansión “bolivariana” en Perú. La iniciativa depende de la organización “Colombianos y Colombianas por la Paz” que sigue el juego planteado por las Farc, mientras busca convertirse en un movimiento político aliado de Chávez.

Cuarto, movilizaciones populares. Ya se propuso una marcha por el acuerdo humanitario, que no es otra cosa que legalizar el secuestro y un paso en el estatus de beligerancia que reclama las Farc. En los años ochenta la consigna de movilización fue inicialmente el reclamo de amnistía, en los noventa la desmilitarización de territorios y ahora el acuerdo humanitario. En ese contexto, deben interpretarse la entrega a cuentagotas de “pruebas de supervivencia” de los secuestrados, acompañadas de absurdos reproches que culpan al gobierno de que estén confinados en la selva.

Quinto, quienes estudian a las Farc saben que desde los años ochenta la “negociación de la paz”, ideada inicialmente por el Partido Comunista, la incorporó la guerrilla como elemento táctico y estratégico. Coincidente con esa línea, se quiere una papeleta electoral para que en los comicios de marzo de 2010, en los que se escogen los integrantes del Congreso, los ciudadanos exijan una “salida negociada al conflicto”.

Chávez sabe que su llave de entrada a Colombia pasa por un proceso de paz, por eso, Piedad Córdoba ha dicho que “la paz pasa por Chávez”. Ambos tienen claro que deben “repolitizar” a las Farc y que las actuales condiciones de la región favorecen sus objetivos.

Ninguna de tales acciones esta desarticulada, por el contrario, hacen parte de un plan cuidadosamente diseñado con el fin de abrir el camino al socialismo del siglo XXI en Colombia, punto de encuentro entre las Farc, el Eln, Chávez, el Polo Democrático y un amplio sector del liberalismo. Para lograrlo hay que actuar sobre el imaginario colectivo y doblegar la voluntad de lucha de los ciudadanos contra el terrorismo.

La Política de Seguridad Democrática debe irse como llegó: a través de las urnas, así, es imperioso conseguir la elección de un gobierno que consagre las “causas objetivas del conflicto”, desdeñe el ejercicio legítimo de la autoridad del Estado y propugne por el “diálogo”, envíe a los cuarteles a las tropas militares, desmonte la política de seguridad, reconozca a las Farc carácter político y suprima la cooperación con Estados Unidos.

A pesar de la denuncia ante la OEA sobre injerencia del gobierno venezolano y que el presidente Álvaro Uribe la describiera como una amenaza ante Unasur, el tema sigue sin tener la atención de los diferentes organismos de la región. Más aún, el silencio con que se responden tales reclamos es la licencia que necesita la expansión de la “revolución bolivariana”. Las manifestaciones en contra de Chávez, que se realizaron el 4 de septiembre, son un buen comienzo para decirle no más a su patrocinio al terrorismo y al asedio que hace a la democracia colombiana.

www.rafaelguarin.blogspot.com